Me comentaron que tendría que contarles una historia de vida, donde las palabras cayeran de mi voz y convirtiera en un libro que suave diluiría todas las vivencias en una. Esa vida es el recuerdo, aquello que no estoy segura de que sucedió, pero mi fe la mantiene ahí.
¿Quién fui?
La tristeza es dura, cuando no se siente en las venas el calor del
amor. Aún así, en enero, viene el verano, el calor nunca se traducirá
en dolor, sino en valor de ser lo que la mente profesa y el corazón
palpita.
¿Me sucedió? ¿Encontré lo que sentí existir? ¿Alguna vez lo sabré? Esta
mujer, en mi mente, me tatúa su nombre. Me hace taladrar las palabras
en las paredes de mi suspiros que hacen frente a la voz que pudiera
herirme cuando me doy cuenta de lo que creo ser realidad.
¿Cómo estar seguro? Si lo que percibo puede ser un invento de mi mente
o un hecho contundente lleno de claridad en mi pensamiento. No lo sé y
por eso, tendré que vivir para contar la historia de una vida.
…Cayéndose las palabras de mi voz.
El tiempo nos fue alcanzando y lo que se fue forjando fueron los
relatos de su vida que empezaron a asecharme. Lo sé, debo relatar esto
antes de morir.
¿Por qué la muerte esta rondando por aquí?
La ráfaga de viento que envolvió mi pelo me soltó una mirada hacia el
cielo que rojizo me impartía una lección para nunca hablar sin entender
que cada silbido de mi ser haría que algo sucediera en este mágico
entorno que me circundaba.
Sin importar, si muero o sigo vivo les contaré lo que les pasó….
Hace un año, estaba en un cuarto, sentado esperando a que llegara el
guía para mostrarnos la ciudad. Estaba completamente feliz por haber
tenido la oportunidad de viajar hasta acá. Había creído que sólo
llegaría a conocer Estados Unidos y Canadá.
Entonces, la vi. Era ella. Estaba seguro. Tenía un pelo negro profundo
con unos ojos color grisáceo, me sentí estupefacto al verla. Su forma
enérgica de mover los brazos para explicar algo me
cautivó, mientras decía:
―¡Es que no entiendes! ¡Nunca lo entenderías! No sabes que se siente
estar del otro lado. Ser el violado, y no el violador. ¡Jamás debes ser
corrupto! No entiendes que eso lastima más de lo que crees puede dar.
Un hombre un poco más alto que ella, de pelo café y
ojos del mismo color que ella. la miraba con angustia y al mismo tiempo
coraje decía:
―¡Vamos, que puede lastimar darle unos pesos de un tipo que necesita ayuda!
―¡Ayuda! A eso le llamas ayuda… Claro, sobre todo eso.—Después de
hablar, se veía como ella levantaba su mano izquierda y se cubría la
gran parte de su maxilar inferior con los dedos alcanzando a tocar sus
labios.
El hombre parecía tener perdida la cabeza y ella sabía como hacerlo porque él seguía discutiendo:
―En este país, sin trazas no avanzas. ¿No haz oído el dicho? Y todos los dichos populares tienen una razón real de ser.
―Vaya que sí, eh. Tú avanzas pagándole al juez una fuerte suma, así como al abogado. ¿Crees que eso es avance?
―No, el avance viene después… Con lo que obtienes.
―Sabes que no tengo más ganas de hablar contigo.
Se oyó una carcajada irónica del hombree y luego dice:
―Ya vez como tengo razón.
―No la tienes, pero no escuchas. Por eso, no quiero seguir hablando en
vano. Estas ciego. No piensas en los problemas al seguir viviendo en
ilegalidad. Tampoco, en la gente cuyos bienes son despojados por
sobornos en la calle. Los criminales que liberan con tranzas, tiempo
después a ti te hacen lo mismo que le hicieron a otros. Se enterarán
del dinero que diste y sabrán que eres un buen prospecto para
secuestrar. Y no lo dudarán, si tienes dinero o aunque lo aparentes.
¡No entiendo que te pasa! Es más, vive así y espera a que este país se
acabe por la inseguridad social, política y financiera. Porque así como
tu prefieres vivir harás de este lugar una porquería. Así como lo oyes,
un país sucio y manchada de sangre inocente. ¡No te basta el pasado,
quieres un futuro que dé asco! No sé como no te importa matar a los
demás y es que la muerte no del cuerpo solamente, sino del alma. Este
país esta muriendo del alma, ya no tiene ganas de seguir creyendo en
sus falsas promesas. Eso mata más que una guerra, matará generaciones,
si no se para a tiempo. Haz lo que quieras, pero mi alma no quiere
morir. ―Estaba ella con los ojos medios eufóricos hablando cada vez más
fuerte hasta gritar― Lucharé, me oyes. ¡Lucharé aunque mi cuerpo muera
si es necesario, para no matar mi alma, nuestra alma! ¿Por qué no
puedes ver que al hacerle daño al otro, te haces daño a ti mismo?
Le volteó la cara y empezó a caminar hacia la
puerta. No me importó el tour, tenía que saber porqué se descontroló
tanto hablando de ese tema si al parecer es muy común. Él no respondió
y solo alcancé a ver al hombre con la cara baja e inmóvil. No dudé, ni
un segundo, en correr detrás de ella.
La alcancé y le grité:
―¡Espera! ¿Estas enojada?
―¿Yo? No.
―Pero, estabas gritándole a aquel hombre. ¿Te hizo algo?
―No. No. ― dijo moviendo la cabeza en forma de negación.
―Entonces, ¿Qué pasa? ¿Lo conocías? ― dije, obviamente, para disimular
el motivo para comenzar a platicar con ella. No podía ser demasiado
atacador, puesto no quería mostrar ni el más mínimo ligero interés.
Siempre ha sido así, una vez se da cuenta le interesas, te saca de su
vida.
―¡Claro! No te preocupes. ―Me contestó.
―¿Por qué te irritó tanto?
―¿Ahora, te gusta meterte en asuntos ajenos?
No pude contener la risa, y le dije sonriendo:
―¿Cómo supiste? Esa es mi especialidad. Soy periodista.
―¡Vaya! Entonces, me declaro oficialmente adivina. Tendré que ir a
legalizar mi certificado en la oficina burocrática de magos. ―dijo con
una sonrisa enorme y alzando la voz sarcásticamente― Pero,
probablemente no me lo den nunca con tanto proceso inútil.
Se había roto el hielo, los dos estábamos riendo y disfrutando ese
momento único. Quizá por cuestiones de la casualidad, terminé
escuchando esa voz penetrar mi mente
― ¿A dónde vas? ― le dije.
― Pues, no sigas necio con eso. No soy fácil. ¡Eh! ― Dijo ciñendo el ojo con una mirada coqueta y sutil sonrisa.
―Entonces, ¿Si eres?― dije tratando de ponerla nerviosa directo a los ojos.
―¡Grosero!― Oí decir mientras volteaba su cara hacia la salida. Lo
sabía, lo había logrado. Su cuerpo hablaba más que todas las palabras
inventadas en esta tierra.
―¿Qué te pasa? ¿Por qué grosero? No te dije nada. ¿Qué andas pensando?
No tuvo más palabras y me dijo:
―¿Qué buscas saber? ¡Ah! Espera. Me tienes que invitar a comer, pero
ahora no puede ser. Tengo cosas que hacer, pero luego será. ―hizo una
pausa un poco larga mientras reía diciendo― En tus sueños.