[ Me sentía perdida, ya había pasado la emoción que vives cuando conoces las cosas por primera vez. Seguía sin encontrarlo. Quisiera pensar que todo es eterno, que realmente cuando muera voy a encontrar algún paraíso perfecto… Pero… Si todo lo que hay está en mí, sino soy yo el nirvana, ¿cómo lo encontraré?
¿Cómo sabré reconocer que ése lugar lo es?
Seguía sentada, pero cerré mis ojos para escuchar el ruido que me alimentaba… Me hundí en el aroma de un amor que se me escapa por no ser capaz de percibirlo de tal forma que guíe hasta él. ]
Con aroma de amores perdidos
Durante el tiempo
que nos condenamos a caminar,
sufrimos el percance
de estar sospechando
que éramos el mar.
{…Caminando se parece olvidar que no es el destino, sino el camino. }
Camina lento,
Camina sin ritmo.
Camina con las olas
que se derraman en función de la sed
que nos dejamos,
cuando nos olvidamos
en el camino de sol…
{…No es el paso que tomes, sino el vivirlo cómo si mañana no volverás a ver el sol. }
No me digas que todo es eterno,
no me condenes a escucharte
el adiós cuando el tiempo
se enreda en nuestra voz,
permíteme despedirte
solo cuando el reloj se pare
para vivir contigo
cuando las soledad
se conviertan en fuego,
tu y yo, enredados
para soltar las cadenas,
todo aquello que nos dejará
en el entregado caminar
que necio, necio, nos pierde,
pero nos vuelve a regenerar.
{…Todo lo que nace muere. ¿Y tú, naciste? Si es así, el tiempo se agota, pero al mismo tiempo se vuelve eterno… Si el camino es la estancia donde habitas. }
Porque el tiempo
que nos condenamos a caminar,
nos encontró perdidos, entregados,
pero más en el delito de conocernos
para olvidarnos en ese mar
de un adiós que nos dejará
con aromas de amores perdidos.