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Written by Lina Ru
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Resulta extraño, la mujer invadió mis sueños así:
Estaba en un laberinto donde los tallos de las flores eran más altos que todo mi cuerpo en puntillas. Los colores de las flores podía alcanzar a verlos porque de forma extraña se doblaban hasta tocar mis manos y se enderezaban para estar en su posición original, la punta del tallo de la flor.
Fue entonces cuando, comenzaron a hablar, sí, las flores empezaron a decir que ellas eran parte de una mujer.
Les pregunté:
— ¿Qué mujer?
Varias flores bajaron de la punta y me tocaron la cara, no entendí que quisieron decir. Al ver que no entendí, me contestaron:
— Hay en este lugar 4 grandes dioses y nosotros sólo podemos nacer de una mujer.
— Y, ¿quienes son sus dioses?—Le pregunté.
— ¡No pareces muy listo!— Exclamaron y de forma peculiar el viento sopló haciendo que las flores se movieran como si estuvieran bailando.
Seguí caminando por el laberinto, mientras ellas bailaban con tanta
fuerza que parecían salir chispas al rozar sus ligeros troncos entre
sí. Trataba de esquivar el fuego, pero sucedió que se creó una flama
que tocó mi mano y la quemó. Grité y luego me quede callado observando
a lo que parecería imposible:
Flores que se movían con el viento, creando chispas que producían
flamas que no las mataban inmediatamente, sino se tardaban como una
rana que lentamente se le va a subiendo la temperatura del agua para
que no sienta que está siendo cocinada.
Mientras observaba las flores morir, empecé a sentirme triste porque
ellas estaban tan llenas de vida, pero olvidaban entenderse unas otras
y por ello, se empezarían a quemar.
Aún así, ya era tarde porque muchas flores ya habían muerto. Sólo esperaba el momento en ellas me empezarían a quemar...
Cuando mi primera lágrima cayó a la tierra, vi como el cielo se
obscureció y las formaciones de nubes empezaron a derramar agua, la tan
anhelada por las flores sedientas de paz.
La lluvia lavó de tal forma el prado que vi como el laberinto era tan
pequeño, que me parecía imposible pensar que antes de todo aquello
había creído que la vida entera era un enigma.
Al la distancia, esa mujer... Quise correr para alcanzarla, pero decidí
mejor quedarme ahí sentado siendo mojado por la lluvia. Sabía que
cuando saliera el sol, el arcoiris me diría para donde caminar...
¿Será hacia esa mujer? ¿Será hacia algún lugar que aún no me puedo imaginar?
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